La Escuela Normal
Tras estudiar Historia de la Educación y entender más sobre la evolución del Magisterio, me hizo pensar en el desprestigio que ha tenido siempre la formación del profesorado.
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En el Antiguo Régimen las escuelas eran más informales y maternales. Los maestros eran hombres que no podían ejercer trabajos forzosos, o por el contrario, mujeres que se dedicaban a cuidar de los niños.
Después, con la Revolución Francesa y la instauración de los regímenes liberales en los países de Europa occidental, se propagó el establecimiento de sistemas educativos más organizados y estructurados. En España se implementó un doble sistema dirigido a dos clases sociales diferenciadas por estatus y nivel económico: la escuela común, con la que después podías optar por trabajar o por estudiar en la Escuela Normal; y el Bachillerato, la preparatoria para la Universidad. En España hubo un crecimiento en la creación de escuelas de formación del profesorado. En Cádiz, por ejemplo, la Diputación Provincial inició los trámites para la creación de una Escuela Normal en 1855.
Esta division de sistemas no solo provocó la aparición de Escuelas Normales, sino que, además, a través de la separación entre la Escuela Normal y el bachillerato y la Universidad se acentuó su desprestigio. Además de la clara diferenciación entre los maestros (Escuela Común que habían estudiado en Escuela normal) y los profesores (Bachillerato, con estudios universitarios)
La visión general en el siglo XIX acerca de la educación era de “inútil” o un tema a relegar en segundo plano.
Posteriormente, a finales del siglo y con el Regeneracionismo se dio un cambio de perspectiva acerca de la educación. Esto alentó una mayor notoriedad de la formación del profesorado. En 1902 se impulsa la profesionalización del Magisterio y el Estado comienza a pagar a los maestros. En 1909 se creó la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio en Madrid, como un centro de formación avanzada para los maestros. En estos años el Estado comienza a invertir en instituciones destinadas a mejorar la educación y se crea el Museo Pedagógico Nacional, dirigido por Manuel Bartolomé Cossío, como un espacio destinadas formación del profesorado con actividades orientadas a difundir nuevas ideas pedagógicas. Por otra parte, en 1910, la Junta para la Ampliación de Estudios inauguró la Residencia de Estudiantes, un espacio de formación integral en el que se forma la élite intelectual más influyente (Lorca, Buñuel, Dalí…).
Después, durante la Segunda República la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio se integró en la Universidad de Madrid. Así, la pedagogía ascendió a la categoría universitaria y alcanzó un mayor prestigio. Se impulsaron otras medidas educativas como el Plan Profesionalizado del Magisterio con el fin de dignificar y profesionalizar a los docentes. No obstante, con la Guerra Civil y durante el franquismo se paralizaron muchas de estas medidas y el Estado dejó de intervenir en la educación.
Hasta que en 1970 se aprobó la (Ley General de Educación) LGE, lo que marcó el inicio de la integración del Magisterio en la Universidad, disponiendo que las Escuelas Normales se incorporaran como Escuelas Universitarias de Formación del Profesorado de Educación General Básica (EGB). En 1972, a través del Decreto 1381/1972, las Escuelas Normales pasaron a depender orgánicamente de las universidades.
Actualmente, con la LOMLOE (2023) los centros y los claustros de profesores tienen mayor capacidad en la toma de decisiones organizativas y su principal objetivo es lograr aplicar metodologías más activas que desarrollen competencias como el pensamiento crítico. Sin embargo, parte del profesorado critica que la ley ha traído inicialmente un exceso de burocracia debido a los nuevos sistemas de evaluación y la necesidad de adaptar todas las programaciones didácticas en poco tiempo.
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Aunque todavía queda mucho camino por recorrer, mejorar las condiciones laborales, lograr una mayor valoración social de la profesión docente… los avances conseguidos en los últimos años han supuesto un paso importante para el reconocimiento del magisterio como unos estudios al mismo nivel que el resto de carreras universitarias. Y pese a las dificultades y al esfuerzo que ha supuesto, se ha logrado dar un paso significativo hacia la dignificación y profesionalización del magisterio, situándolo en el lugar que merece dentro del ámbito universitario y de la sociedad.



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